La crudeza de la violencia en el Cauca que evidencia el fracaso rotundo de la 'Paz total'
La población civil, la más afectada en conflicto armado.
La ola de atentados en las últimas horas en Cauca y Valle del Cauca deja en evidencia que la política de ‘Paz total' del Gobierno de Gustavo Petro fue un rotundo fracaso y que no hay contundencia de las Fuerzas Armadas para contener estas acciones terroristas.
El caso más delicado ocurrió el sábado en la Vía Panamericana, en el Cauca, donde la activación de un explosivo, que era transportado en una buseta, dejó al menos 19 muertos y más de 38 heridos.
Entre las víctimas inocentes de este atentado estaba Patricia Mosquera, funcionaria de la Corporación Autónoma Regional del Cauca y a su vez lideresa del Movimiento Social de Mujeres Afropatianas.
Las autoridades atribuyen este ataque a la columna 'Jaime Martínez' de las disidencias de las FARC, dirigida por Iván Idrobo Arredondo, alias ‘Marlon’, por quien desde ayer ofrecen una recompensa de hasta 5.000 millones de pesos (unos 1,4 millones de dólares).
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La 'Jaime Martínez' hace parte del Estado Mayor Central (EMC), la principal disidencia de las FARC, dirigida por Néstor Gregorio Vera, alias ‘Iván Mordisco’, el hombre más buscado de Colombia, por quien el Gobierno ofrece también una recompensa de $5 mil millones.
El Procurador General de la Nación, Gregorio Eljach Pacheco, rechazó el atentado e instó a las autoridades competentes a desplegar acciones contundentes de persecución y castigo, así como la implementación inmediata de medidas de protección en procura a de la no repetición.
Además, invitó a todos los concejales, diputados y congresistas de la República a activar sus funciones ineludibles de control político como instrumento de resultados inmediatos.
La población civil, la más afectada
Una familia abrazada frente a los restos de un vehículo destrozado y pobladores que observan en silencio el cráter que partió la Vía Panamericana resumen el impacto del atentado guerrillero con un cilindro bomba en el sector de El Túnel, del municipio de Cajibío, departamento del Cauca.
Aunque los últimos cuerpos fueron recogidos durante la madrugada, en el lugar quedan rastros de sangre y pertenencias dispersas entre la tierra removida y los restos acumulados a los lados de la carretera, hasta donde han llegado familiares que, como el grupo que se abraza frente a uno de los vehículos destruidos, buscan algún objeto que les permita reconocer a los suyos.
A pocos metros, entre vehículos volcados, trozos de metal y vidrios rotos el conductor Mario Guerrero intenta reconstruir lo ocurrido el sábado en cuestión de segundos.
"Venía en una fila de carros, una chiva (autobús) iba a mi lado y trató de adelantar, cuando aceleré sentí la explosión y salimos volando hasta caer más adelante", relata el hombre a EFE.
La chiva quedó en el centro de la detonación y se partió en dos, con una sección que cayó sobre otro vehículo que transitaba delante y otra que fue expulsada hacia el lado contrario de la carretera, mientras el motor salió proyectado decenas de metros.
"Yo creí que eso duró mucho tiempo, pero fueron segundos y no sé cómo salimos vivos, eso fue la gracia de Dios", añade Guerrero, agricultor de la zona que viajaba con un acompañante que también sobrevivió al ataque.

Un cráter de diez metros
El asfalto desapareció en este tramo de la carretera donde cayó la bomba y en su lugar hay un cráter de unos diez metros de profundidad que atraviesa toda la calzada. A su alrededor permanecen esparcidos los restos de los vehículos alcanzados por la onda expansiva.
Desde muy temprano este domingo, trabajadores con maquinaria pesada comenzaron a remover la tierra para intentar rellenar el enorme hueco con el fin de reabrir el paso, mientras operarios limpian la carretera y grúas retiran los restos de los autobuses y vehículos particulares que quedaron totalmente destruidos.
En medio de esas tareas, decenas de personas que habitan en la zona cruzan a pie, bordeando el cráter, con bolsas en la mano, o con la bicicleta al hombro, obligadas a interrumpir su trayecto entre Popayán, capital del Cauca, y otras ciudades del suroeste colombiano que están comunicadas por la Vía Panamericana.
Mientras tanto, otros pobladores se detienen a observar asombrados en silencio o comentan en voz baja lo ocurrido al lado de un grupo de personas que reza delante de un automóvil volcado en el que iban varios de sus familiares.
La Gobernación del Cauca decretó tres días de duelo por este "ataque indiscriminado contra la población civil" que "enluta profundamente a las familias caucanas y a toda la sociedad".
EFE.
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